viernes, 26 de abril de 2013

Dónde está el abuelo


Dónde está el abuelo
 
Mónica Esparza Patiño
 
Rodrigo era un niño muy inocente y amoroso, quien vivía con sus padres y todas las tardes

lo venía a visitar y a llevar al parque su abuelo para volar su cometa por el cielo azul.

 

El era muy feliz en compañía de su abuelo con quien disfrutaba conversando sobre su vida pues era

muy ameno y gracioso. Su abuelo compartía con el la alegría de vivir y siempre le contaba historias sobre su vida, las que eran muy emocionantes para Rodrigo.

 

- Abuelo, como quisiera volar como mi cometa.

 

- Algún día todos volaremos por el cielo, solía decirle su abuelo.

 

- Tú crees.

 

- Estoy seguro Rodrigo.

 

Una tarde de otoño Rodrigo se acercó a buscar a su mamá en la cocina y la encontró muy triste.

 

- Qué te sucede mamá, le preguntó confundido.

 

- El abuelo se ha ido hijito.

 

- ¿A dónde?, le preguntó con curiosidad.

 

- Al cielo.

 

- Y cuándo regresa el abuelo.

 

- Cuando reciba sus alas de ángel, respondió su mamá.

 

- Que bueno mamá, entonces el abuelo será el ángel que me cuidará desde el cielo.

 

Rodrigo se dirigió a su cuarto y mientras miraba por la ventana a los pajaritos volar con sus pequeñas

alas, se le ocurrió una gran idea.

 

- Haré mis propias alas de papel, se dijo con entusiasmo.

 

Empezó a recortar el papel de su cometa que tanto apreciaba y una vez que terminó, las colocó

en sus brazos y empezó a correr.

 

- Mamá, mira ahora estoy listo.

 

- ¿A dónde vas con esas alitas?

 

- ¡Al cielo a visitar al abuelo!

 

Su mamá se enterneció por la respuesta inocente de su hijo y le dijo:

 

- Mira Rodrigo, en esta vida cuando nos llega la hora de partir si nos portamos bien y nos amamos los unos a los otros, como tu abuelo lo hacía, vamos directo un lugar muy bonito donde cada uno hace lo que más le gusta y hay alegría y paz y a ese lugar le llamamos cielo.

 

- Yo quiero ir al cielo mamá.

 

Si, pero la vida aquí en la tierra también es muy hermosa y para todo hay tiempo, hasta para partir.

 

- ¿Eso quiere decir que no voy a poder estar junto a mi abuelo?

 

- Con tu abuelo siempre vas a estar porque el vive en tu corazón.

 

- Tienes razón mamá yo siempre lo voy a querer.

 

- ¿Y cómo sabré que ya está en se lugar bonito y está feliz?

 

- Cuando escuches sonar las campanas.

 

Ese día al medio día sonaron las campanas de la iglesia del pueblo y Rodrigo abrazó a su madre

de felicidad al saber que su abuelo estaba bien y feliz, y que desde el cielo los veía y cuidaba.

 

 

El osito Rufus


.El osito Rufus

 
Mónica Esparza Patiño.

En un bello jardín se encontraba el pequeño Rufus, un osito panda muy travieso, al que le encantaba descubrir cada día algo diferente. Un día quiso alejarse un poco de su hogar en las montañas pues quería conocer un gran circo.

Su madre le había advertido muchas veces que en la vida no todo es color de rosa pues su especie estaba en peligro y no debía de alejarse demasiado.

 Sin embargo, Rufus tenía muchas ganas de ir pues había escuchado que los circos eran mágicos, y que podría ver al hombre más fuerte del mundo, malabaristas, equilibristas y domadores de leones.

 De pronto vió un cartel del circo con una flecha a la derecha:

 

-          Ya llegué, este debe ser el gran circo, que emoción, se dijo.

 

Cuando lo vieron otros animales trataron de advertirle del peligro diciéndole:


-          No te acerques, si te ven no podrás escapar.

-          ¿A qué se refieren?, preguntó.

-          Nosotros no estamos aquí por nuestra voluntad.

-          Pero yo quiero ver el espectáculo y la magia del circo.

-          Mejor regresa a salvo con tu famila y da marcha atrás.

Rufus fue capturado y encerrado en una celda, lo querían para que sea parte del espectáculo del oso. Rufus estaba muy asustado y solo quería volver a casa.


 

Poco a poco fue aprendiendo a hacer equilibrio en la cuerda floja, la gente llegaba con mucha emoción para ver a al osito rufus hacer sus piruetas.

 

Un día el encargado del circo al ver la carita del osito notó que estaba muy triste y le dio tanta pena que dejó la reja abierta a propósito para que pueda huir.

 

Rufus salió disparado y pudo regresar sano y salvo a su casa en donde su madre muy feliz lo recibió con todo su amor. Rufus aprendió que uno siempre debe de seguir los sabios consejos de la gente buena.

Suertudo y yo

Suertudo y yo

Mónica Esparza Patiño.

Víctor era un niño muy bueno que vivía en un puerto lejos de la gran
ciudad. Tenía una casa muy grande con unos techos altos y bellos, que
le hacía pensar que vivía en un castillo.

Un día su mamá le pidió que vaya a darle zanahorias a los conejos, a
el le aburría hacerlo pero pronto empezó a divertirse con ellos
haciendo trucos de magia.

Sucedió que de tanto jugar empezó a notar que todos los conejos eran
diferentes, algunos grandes, otros pequeños, unos gordos y otros
flacos. Pero uno de ellos le llamó mucho la atención pues tenía una
oreja para arriba y otra doblada. Le gustó tanto que le puso suertudo.

Jugaga a diario con suertudo el que rápidamente se convirtió en su
amigo y en su conejo favorito.

Los otros conejos celosos de la suerte de suertudo le dijeron que la
amistad con Victor se acabaría pronto, pues cuando el fuera un mago
famoso ya no le serviría, pues jamás lo pondría en su show por sus
orejas disparejas.

Suertudo se fue lejos y Victor sufrió mucho su pérdida. Su padre lo
consoló y le dijo: No te preocupes, el volverá, cuando damos amor a
nuestros amigos ellos siempre regresan.

Pasó el tiempo y un día mientras Victor jugaba en un parque vio que un
arbusto se movía y un rabito se podía ver por el costado. Encontró
para su sorpresa un conejo muy grande y hermoso con una oreja parada y
otra doblada:
Suertudo, le dijo gritando de emoción, volviste, sabía que vendrías.

Víctor abrazó a su amigo y suertudo se convirtió en su estrella en su
show de magia, aprendió que cuando uno encuentra un amigo, la amistad
es para siempre.


Quiny y Charlot


Quiny y Charlot
Mónica Esparza Patiño

Quiny era una perrita muy buena y engreída a la que sus amos querían,
vivía en una casita de madera muy especial. Ella se sentía amada y
feliz, hasta que un día llegó Charlot, una perrita pequeña adoptada
por la familia para que le haga compañía.

Quiny se enfureció al saber que iba a tener que compartir todo con
Charlot, desde su casa de madera, sus huesos y comida. Pero poco a
poco dejó de renegar y fue más amable.

Un día Charlot le dijo:
- Sabes, soy muy feliz viviendo contigo Quiny, eres muy especial, te
quiero tanto que quisiera que tu fueras mi mamá.

Quiny se extrañó mucho, no pensó jamás que Charlot la quisiera tanto
en tan corto tiempo y al ver la sinceridad de Charlot la quiso más que
a nadie, y desde aquel día la trató como a la hija que nunca tuvo.

Comprendió que cuando uno da amor a los demás este siempre trae bienes mayores.

Pelusa una osa graciosa


Pelusa, una osa graciosa
 
Mónica Esparza Patiño


Había una vez una osa muy graciosa llamada Pelusa, a quien le
encantaba llevar alegría y diversión a todas partes. Los animales del
bosque la querían mucho y siempre le decían:
- Pelusa, con tu alegría contagiante has cambiado mi vida.
- Pelusita, que feliz me haces cuando te ríes así.

Pasaban los años y pelusa se quedaba igualita, no envejecía ni
aparecían en su rostro arrugas, tampoco se enfermaba, al contrario,
era muy sana y tenía mucha energía.

Todos estaban extrañados con Pelusa y no se explicaban cual era el
secreto para la juventud eterna.

Un día pelusa haciendo sus muecas y bromeando como siempre les comentó
entre risas y carcajadas.

- Saben por qué yo siempre sigo igual y no envejezco.
- No sabemos, dijeron todos en coro.
- Lo que pasa es que yo siempre estoy alegre y la alegría es el
alimento para el alma que se refleja en mi juventud, así mismo, es la
mejor medicina para mi cuerpo por lo que ando bien de salud.

Desde aquel día todos los animales empezaron a imitar a Pelusa y en el
bello bosque todos vivieron jóvenes y sanos con desbordante alegría en
sus corazones.

 

Las tres palmeras


.Las tres palmeras

Mónica Esparza Patiño


En un extenso desierto vivían tres palmeras hermanas que de pequeñas
eran muy alegres y amigables. Sucedió que un día se empezaron a quejar
de todo lo que les pasaba, se aburrían del día a día y ya no tenían
más ilusión por la vida.

Si era verano se quejaban del calor y si era invierno del frío. Un día
la luna salió y de tanto escucharlas les habló:
- Por que mejor no se dejan de renegar y empiezan por apreciar la
belleza que hay a su alrededor.

- A qué te refieres, preguntaron las palmeras.

- A que si uno valora la belleza de vivir en armonía con lo que nos
rodea podrán vivir en paz y ser muy feliz. Recuerdan cuando eran
pequeñas, vivían al máximo sus días y el día se les hacía corto. Eran
muy divertidas y se las ingeniaban para jugar y reír de todo.

Las tres palmeras movieron sus hojas como aceptando el consejo y desde
ese día no volvieron a quejarse, sino más bien sonrieron más a menudo
y fueron felices viviendo en el desierto muy unidas.

La luz de tu corazón


La luz de tu corazón

Mónica Esparza Patiño

Había una vez una niña llamada Lulu que le tenía miedo a la oscuridad.
Todas las noches llamaba a su mamá para que la acompañara, y su mamá
se trasnochaba para que ella estuviera tranquila.

Un día le dijo.
- Hijita, por qué me llamas tanto, sabes que tengo sueño y despertarme
todas las noches me pone de mal humor.

- Lo que pasa es que tengo mucho miedo mamá.
- A qué le temes, le preguntó su madre intrigada.
- A la oscuridad, le dijo Lulu.

Pues no debes de temer. Sabes, tu tienes una luz interna muy poderosa
y está justo en el medio de tu corazón. Esa luz es producto de todo el
amor que sientes, por mi, por tu papi y tu hermana. Si piensas en esa
luz, ya nunca más sentirás temor.

Lulu vio mucha luz en su habitación a media noche y se puso feliz al
saber que la luz de su corazón alumbraría su vida para siempre.